Lemming sin causa

No sé qué estoy haciendo ahí, buscándome los rollos más complicados porque de esa manera las cosas parecen tener sentido. Suena extraño. Jamás he sido una mina de retos ni riesgos, sino todo lo contrario. Los que me conocen saben que soy cómoda, que mi ley es la del esfuerzo mínimo, el camino corto y directo, el golpe seco y sin dolor. En verdad adoro mi cueva de araña de rincón: segura, tibia, predecible hasta que alguien la descubre y destruye.
Y cambio en términos afectivos disfruto tirándome de cabeza al ancho mar igual que esos lemmings cuando sienten que son demasiados y no queda más comida. Al menos ellos tienen una razón para una automasacre tan espantosa. Yo circulo ilógica, siento cosas que no debo y no pretendo reprimirlas, tengo cero fuerza de voluntad, me pongo en bandeja de plata con ingenuidad de colegiala para iniciar el horrendo proceso de la pasión insatisfecha. Lo curioso es que sólo entonces tengo la impresión de estar con vida, desaparece por unos momentos la oquedad perpetua.